Qué hace bueno un menú del día
El menú del día es la comida de quien trabaja cerca: primer plato, segundo plato, postre o café, pan y bebida por un precio cerrado. El cliente tiene poco tiempo, así que el menú tiene que leerse rápido, pedirse rápido y salir rápido de la cocina. Ofrece de tres a cinco primeros y otros tantos segundos que la cocina pueda sacar en pocos minutos.
Escribe exactamente qué incluye el precio: «Primero, segundo, postre o café, pan y bebida: 14,50 €» responde a las preguntas antes de que las hagan. Di también si el postre y el café van juntos o son a elegir, y si la bebida es agua, vino de la casa, una caña o un refresco.
El horario, el precio y la pizarra de la puerta
Pon siempre cuándo se sirve el menú («De lunes a viernes, 13:00–16:00») justo debajo del título. Así tu equipo no tiene que explicar por qué el menú no vale a las 16:30, y quien pasa por delante sabe cuándo volver.
En España el precio que ve el cliente tiene que llevar el IVA incluido. Una copia en el escaparate o en una pizarra en la puerta enseña el menú a quien pasa. Cambiar los platos cada día o cada semana da a los clientes habituales un motivo para entrar a ver qué hay.
Ponerle precio al menú del día
El menú del día suele costar menos que comer a la carta, así que vigila el escandallo de cada plato. Raciones ajustadas, una guarnición de temporada y un postre casero sencillo mantienen el menú rentable. También es una buena forma de aprovechar la mise en place del día anterior sin que lo parezca.
Apunta qué platos salen de verdad. En unas semanas sabrás cuáles merecen repetir. Si ofreces medio menú (un solo plato con bebida y postre) o un suplemento para algún plato, escríbelo con su precio.